Otoño

Si tuviera que elegir a una de las cuatro estaciones que tiene el año, con seguridad que me quedaría con la primavera, esa parte del tiempo en la que la vida, o al menos gran parte de ella, eclosiona con fuerza transmitiendo a la Tierra energías renovadas y vivificantes.

Pero si tuviera que escribir sobre la belleza de nuestra pequeña nave y para ello tuviera que hacerlo desde una estación del año, me gustaría que fuera desde una ventana grande y sin cortinas abierta al otoño.

Desde esa perspectiva intentaría dibujar con letras el aire húmedo que te arropa los sentidos, la lluvia fina que satura los colores y los cambiantes tonos de las hojas del caducifolio, que caerán en corta peregrinación a un suelo no distante.

Dibujar con letras no es nada fácil, sobre todo si pretendes dibujar con trazo fiel los sonidos del aire, el cantar del pequeño riachuelo, que sediento de un estío cada vez menos generoso en aguas, se recobra y empieza a serpentear con un seguro e inequívoco camino hacia el lejano mar.

Me pregunto cómo puedo dibujar con letras los colores del bosque, o el crujir que a mis pasos originan en el silencio del mismo y que intento de minimizar convencido de que perturbo a los duendes del lugar.


Intento de dibujar con mi pluma mis pasos cortos, los que me llevan y los que me traen en una trayectoria casi elíptica por esa estación cargada de magia y noto como ella se calienta y vibra, dejando su tinta estremecida por una secuencia de sensaciones que le da conciencia de que no podrá describirlas.

Aún así la agarro con fuerza, pero intentando al tiempo que mis dedos, más que fuerza, le transmitan la suavidad de saber entenderla, que están con ella como un todo, en ese esfuerzo de querer reflejar con unos dignos trazos la realidad del momento.

Una ligera lluvia empieza a caer, mi óptica se empeña por un momento y me turba, en ese himpas en la que mi vista se nubla, cierro los ojos y respiro cadenciosamente mientras que por mi nariz, una legión de olores penetra hacia una sesera sabedora que el otoño, me envuelve, me humedece y me susurra una retahíla de pequeñas y modulantes corrientes, impulsos eléctricos que me motiva hacia una agradable dimensión.

Abro los ojos, la lluvia aunque menos densa sigue cayendo, todo a mi alrededor está dominado por el gris, un gris que no atino a dibujar con letras, tal vez porque el gris, no es gris si no vienes al lugar, o quizás sí lo es, mezclado sabiamente con los pigmentos sabios de una estación llamada otoño y que al intentar dibujarla con letras, hace vibrar a mi pluma y en esas vibraciones, mi corazón se calienta con el enorme regalo de esta que nos lleva y que me ha convertido por primera vez en eso que muchos, solemnemente llaman "Abuelo"



aurora jos gallego dijo
!Qué bonitos paisajes¡¿Dónde están tomadas estas fotos?
19 Noviembre 2008 | 07:38 PM